martes, 3 de septiembre de 2013

Faith and spaghetti! 9.1.2013


The next weekend we will have a major event in our parish, an event that some of our parishioners have organized to raise funds to support our parish community. I am very grateful to them for their dedication and effort; they have put a great effort working very hard! The last days came into my mind very often one of the verses of Psalm 127: Unless it is the LORD who builds the house, the builders' work is pointless. All of that we do for the good of our parish only makes sense if Jesus is at the center of our efforts, if we get for him all honor and glory. My dear brothers and sisters in Christ, I invite you this Sunday, Lord's Day, to reflect into this idea in the silence of our hearts. If Jesus is not the center of our attention, if we do not keep a constant, real, solid conversation with him, nothing that we do makes sense, and gradually we will become not a real parish or a real community but only and sadly a just philanthropic organization that helps others (sometimes) but that does not worship the Lord. It is true that we are a community of sinners, that we all make mistakes that we all have sins (the first to make mistakes is almost always the pastor! And this is because he is human), however how lucky we are: we gather Sunday after Sunday to receive the forgiveness and grace, to receive his body and blood, to grow as brothers and sisters and as a parish community. Our events (the next and the other events that we will have in the future) will be successful if, first, our celebration of the Eucharist is successful, i.e., if we prepare better our mind and body to attend mass, if we pay more attention to the readings, if we sing with more enthusiasm. In fewer words: if we put more love in our liturgy! Let us remember that we are human so we need the liturgy as the bridge that helps us to connect our mind and body with God. So, spaghetti and meatballs are wonderful, and certainly with God’s help we will have a great event, but the best condiment for our dinner will be our love for the Eucharist, our love for the liturgy, our sense of belonging to a parish community, our love for others and our unity. Let's think about this for this weekend and the first days of the next week, so that when our spaghetti dinner came, we can serve it in a magnificent container: the container of our Catholic faith! Fr. Agustin, pastor.

Spaguetti y Fe


Queridos hermanos en el Señor, el próximo fin de semana tendremos un evento importante aquí en la parroquia, un evento que nuestros hermanos de la comunidad italo-americana han organizado para recaudar fondos para sostener nuestra comunidad parroquial. Yo estoy muy agradecido con ellos por la dedicación y el esfuerzo que han puesto en éste evento. Ellos han trabajado muy duro. Al mismo tiempo yo he estado dando vueltas en mi cabeza a una de las frases del salmo 127: si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles. Todo eso que hacemos por el bien de nuestra  parroquia solamente tiene sentido si Jesús está en el centro, si buscamos que sea para él toda la gloria. Mis querido hermanos, yo los invito hoy domingo, día del Señor, a que reflexionemos juntos sobre ésta idea. Si Jesús no es el centro de nuestra atención, si no mantenemos una conversación constante con él, nada de lo que hacemos tiene sentido, y poco a poco nos vamos convirtiendo no en una comunidad parroquial sino en un organismo filantrópico que ayuda a los demás (a veces) pero que no adora al Señor. Nosotros somos una comunidad de pecadores: todos cometemos errores; todos nosotros tenemos pecados (el primero que comete errores es casi siempre el párroco! porque es humano), pero nosotros nos reunimos para recibir el perdón del Señor, para recibir el cuerpo y la sangre, y para crecer como hermanos y hermanas y como comunidad. Nuestros eventos (el próximo y los otros eventos que vengan después) serán exitosos si, primero, nuestra celebración de la Eucaristía es exitosa, es decir, si nosotros  nos preparamos mejor; si nosotros ponemos más atención a las lecturas, si nosotros cantamos con más entusiasmo. En menos palabras: si ponemos más amor en nuestra liturgia. Somos humanos y la liturgia es el puente que nos conecta con Dios y con el cielo. Los espaguetis con una espléndida salsa boloñesa son algo maravilloso, y desde luego nosotros tendremos un gran evento, pero el mejor condimento para ésa cena será nuestro amor por la Eucaristía, nuestro amor por la liturgia, nuestro sentido de pertenencia a una comunidad parroquial, nuestro amor por los demás y nuestra unidad. Vamos a pensar en esto durante éste fin de semana y los primeros días de la próxima, para que nosotros podamos servir en un ambiente de alegría y fraternidad pero sobre todo de comunión y de amistad con el Señor. P. Agustín, párroco.

jueves, 22 de agosto de 2013

¿Corregir con energía?

Queridos hermanos en el Señor, este domingo continuamos hablando del tema de la educación de la libertad, especialmente en la espiritualidad de los hijos. Respetar a los hijos no significa dar por válido todo lo que ellos piensen o hagan. Los papás deben dialogar sobre lo bueno y lo mejor, y muchas veces deberán corregir con energía. El amor de un padre por su hijo desea el bien del hijo, desea que el hijo dé lo mejor de sí, que alcance la felicidad. Una conducta correcta en los hijos suele ser resultado de muchas correcciones, y éstas serán más eficaces si se administran con sentido positivo, poniendo sobre todo de relieve lo que se puede mejorar en el futuro; y deben hacerse con cariño. Por otro lado, los papás deben educar en un clima de confianza. La confianza nos mueve a obrar; nos paraliza, en cambio, sentir que desconfían de nosotros. Confiar significa tener fe, dar crédito a alguien. La confianza que se da al otro suele provocar un doble efecto: de manera inmediata, un sentimiento de gratitud, porque se sabe beneficiado por un don; y además la confianza favorece el sentido de responsabilidad. Quien me pide algo importante espera que yo se lo dé, porque ya confía en que puedo dárselo: tiene de mí un concepto elevado. Si esa persona se fía de mí, me siento movido a satisfacer sus expectativas, a responder de mis actos. Gran parte de lo que pueden hacer los papás depende de cuánto han sabido suscitar esta actitud en sus hijos; por eso insistimos en que los padres han de ganarse la confianza de sus hijos, dándosela ellos primero. A ciertas edades tempranas, conviene estimular el uso de su libertad; por ejemplo, han de pedirles cosas, y dar explicaciones sobre lo bueno y lo malo. Pero esto carecería de significado si faltara la confianza. La confianza se da, se logra, se genera; no se puede imponer, ni exigir. Los papás se hacen dignos de confianza por su ejemplo de integridad, dando buen ejemplo a los hijos; poco a poco se adquiere  la autoridad moral necesaria para educar la libertad y la espiritualidad, la relación con Dios y con la Iglesia. Este domingo nos podemos pensar cómo mejorar el ambiente de confianza y libertad en la familia y qué estamos haciendo para que la vida espiritual cada vez sea más fuerte en la familia, en cada uno de sus miembros  ■ P. Agustín

Little Italy San Antonio


A few days ago (Friday, August 16 at 11:00a.m.) we held an event that while not officially part of our parish community, some of our parishioners are involved on it, and I am glad. This is something that will certainly be important to our community. I am talking about the ground breaking for Little Italy San Antonio (L.I.S.A.). Today I would like to invite my parishioners to pray, that this project will be always directed with wisdom and prudence and for the benefit of all ■ Fr. Agustin. 

jueves, 15 de agosto de 2013

Is the Mass something really boring? (I)


Why is it that some people say that Mass is boring?  Is the Mass boring?  I’m sure everyone reading today’s insert has an opinion on this question. This question seems to plague parents in particular when trying to get their teenage children to attend Mass with them. Often the response by many parents is, “I don’t care if you think it’s boring you’re going to Mass anyway.” This answer is usually more effective with younger children, but hardly every satisfies a teenager. In many cases with teenagers a parent just decides that it is too much trouble to try to get their teenager to Mass, and so they go without them.  “The music is so boring.” parents might hear. “The readings are ancient and are talking about shepherds and kings; we live in the world of iPads, Facebook and YouTube”. If this is the case then it is no wonder that it is difficult to get young people excited about going to Mass. But this is not just a problem that teenagers struggle with. How often do we say to ourselves, “I really don’t want to go to Mass today; Father never says anything that I understand.” Or maybe it is, “Well, the football game is at 11.00pm, and Mass gets over at 11:15, so maybe I’ll just leave right after communion.” How often do we grudgingly go to Mass just because we don’t want to feel guilty for missing it? How often have we attended Mass and just felt like we just didn’t get anything out of it.  “What a waste of time” we might be secretly thinking, although we might never verbalize it. The answer that we might have for this dilemma could be, “Well, if the Mass was just a little more engaging, and a little less boring, then maybe I would actually like going to Mass”, “If only we had a more experienced priest then we could get into some real life homilies.” I use these examples because these are some of the most common complaints about the holy Mass, but the list is almost infinite. So where is the problem and where is the solution to this problem? Is it the holy Mass really boring? Is it wrong to ask this question? Should we just go to Mass and accept that it is boring?  Is it that we are not supposed to like Mass; we are just supposed to go regardless of what it does for us? We will continue talking about this, meanwhile please think about this and of course do not miss the next God, a pastor and a good coffee ■ Fr. Agustin. 

...como se cuida una planta...


Queridos hermanos en el Señor, en la edición en inglés de éste insert en el boletín de la parroquia hablaremos a lo largo de las siguientes semanas sobre la importancia de la Misa, reflexionando en la importancia de educar a los hijos en la libertad en las cosas del espíritu. Dios ha querido crear seres libres, con todas sus consecuencias y como un buen padre, nos ha dado la ley moral puesta en nuestro corazón para que podamos utilizar correctamente la libertad. De algún modo, se puede decir que el Dios Padre ha aceptado someter sus propios designios a la aprobación del hombre; que Dios condesciende con nuestra libertad, con nuestra imperfección, porque prefiere nuestro amor libremente entregado a la esclavitud de un títere; prefiere el aparente fracaso de sus planes a poner condiciones a nuestra respuesta. El sacrificio de la Cruz es la muestra más grande de hasta qué punto Dios está dispuesto a respetar la libertad humana; y si Él llega a esos extremos ¿quién soy yo para no hacerlo? En otras palabras: querer a los hijos es querer su libertad. Del mismo modo que una planta no crece porque la estire o le grite el jardinero, sino porque hace suyo el alimento, la luz del sol, el aire, etc. así el ser humano progresa en la medida en que asume libremente el modelo que inicialmente recibe de Dios y de los papás en casa, en la parroquia y algunas veces en la escuela. Por eso, «los padres que aman de verdad, que buscan sinceramente el bien de sus hijos, después de los consejos y las consideraciones oportunas, han de retirarse con delicadeza para que nada perjudique el gran bien de la libertad, que hace al hombre capaz de amar y de servir a Dios. Los papás deben recordar que Dios mismo ha querido que se le ame y se le sirva en libertad, y respeta siempre nuestras decisiones personales».  Día a día los papás han de saber invitar a sus hijos a usar de sus capacidades, de modo que crezcan como personas de bien. Deben invitarlos a que cultiven su alma y su espíritu. Quizá se presenta una buena ocasión cuando piden permiso para determinados planes; entonces, puede ser oportuno responder que es él –el hijo o la hija- quien ha de decidir tras meditar todas las circunstancias del caso y decidir si le conviene o no ir a ése lugar, gastar ése dinero, etc. Qué importante es que los papás enseñen a los hijos la importancia de cuidar la vida espiritual y de alimentar diariamente su alma. Seguiremos hablando de esto en las próximas semanas ¡hay mucho qué pensar! ■ P. Agustín 

Sólo la Niña aquella, la Niña inmaculada, 
la Madre que del hijo recibió su hermosura,
la Virgen que le dice a su Creador criatura,
sólo esa Niña bella al cielo fue elevada.

Los luceros formaron innumerables filas,
tapizaron las nubes el cielo en su grandeza;
y aquella Niña dulce de sin igual belleza
llenaba todo el cielo con sus claras pupilas.


Nuestro barro pequeño, de nostalgia extasiado 
ardientemente quiere subir un día cualquiera
al cielo, dónde el barro de nuestra Niña espera
purificar en gracia nuestro barro manchado.
Amén.